Los misterios de las abejas, en una nueva radiografía científica

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¿Qué es lo que está provocando la muerte de millones de abejas? Este misterio preocupa a algunos de los científicos más destacados del mundo desde que- hace ya varios años- apicultores estadounidenses empezaron a notar la muerte o desaparición de grandes números de abejas sin razón aparente.

La apicultura mueve 15.000 millones de dólares anuales en la economía estadounidense; las abejas polinizan 90 cultivos importantes, desde frutales hasta nogales. La mayoría damos por sentado la presencia de estos alimentos y rara vez tenemos en cuenta el papel fundamental que tienen esas pequeñas criaturas en el desarrollo de los mismos.

“Todo depende de los polinizadores,“ explica el zoólogo Martin Wikekski. Es por eso que este especialista en el estudio de las migraciones de pequeños animales ha comenzado a examinar el universo casi desconocido del movimiento de las abejas.

Wikekski es pionero en el uso de unidades de rastreo por radio que se colocan en el cuerpo de las abejas y permiten conocer el esquema de vuelo de los polinizadores.

Esto permitiría comprender a qué responde la disminución de las poblaciones de abejas melíferas y cómo proteger a otros tipos de abejas para cuidar las fuentes de alimentos.

Hasta el momento, resultaba difícil rastrear insectos tales como las abejas. Vuelan demasiado lejos y a alta velocidad como para ser perseguidas desde la tierra, y son demasiado pequeñas como para que se las pueda monitorear desde el aire. Los abejorros, por ejemplo, vuelan 6 metros por segundo, según la entomóloga Rachael Winfree, de la Universidad Rutgers, que trabaja con Wikekski en el proyecto de rastreo de abejas. Como resultado de ello, los científicos cuentan con escasos datos acerca de los movimientos de las abejas.

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La mayoría de los cálculos acerca de las distancias recorridas por las abejas cuando buscan alimento se basan en pruebas indirectas como por ejemplo alejar a estos insectos a una determinada distancia de la colmena para ver si regresan. “Se supone,“ explica Winfree, “que la abeja sabe dónde está porque tiene un mapa interno del área, creado cuando voló anteriormente por la zona. Si se la desplaza de la zona en cuestión, no puede navegar.”

Pero como se sabe que algunas especies de abejas pueden regresar a la colmena estando a una distancia de hasta 20 kilómetros, algunos científicos piensan que estos insectos también pueden seguir pistas olfativas o magnéticas, o quizás simplemente tienen suerte y encuentren su colmena deambulando sin sentido, dice Winfree.

Wikekski, distinguido como Emerging Explorer de la National Geographic en 2008, es un innovador en cuestiones de rastreo de pequeños animales. Ya había empleado etiquetas de radio para realizar sorprendentes descubrimientos similares acerca de los esquemas de migración de las libélulas: aprovechan los vientos favorables, realizan descansos y se reorientan cuando se pierden. En una oportunidad descubrió una libélula que había volado 160 kilómetros en un solo día.

Para este proyecto de rastreo, Wikekski y sus colegas usan transmisores del tamaño de tres o cuatro granos de arroz alimentados por una pequeña batería para audífono y con un oscilador y una antena de hasta 4 centímetros. Los transmisores pesan apenas 170 miligramos por lo que son lo suficientemente livianos como para ser fijados con un poco de pegamento para pestañas al cuerpo de abejas de dos especies relativamente robustas que pesan 600 miligramos.

Aún cargadas con estas mochilas de casi un tercio de su peso corporal, “vuelan maravillosamente,“ dice Wikekski.

El transmisor permite rastrear a los insectos mientras éstos se mantengan a unos kilómetros del receptor. Hasta el momento Wikekski y su equipo implantaron etiquetas a abejas de orquídeas en el Smithsonian Tropical Research Institute de Panamá y llevaron a cabo pruebas exitosas dentro de un laboratorio de Nueva Jersey .